Exangüe
…sangre mana sobre la mujer pálida…
Alejandra Pizarnik
Alejandra Pizarnik
El oscuro castillo permanece en silencio, en completa calma. Desnuda, la hermosa condesa descansa en su lecho. Tibia sangre le cubre cabellos, brazos, los voluminosos pechos. Las facciones del rostro yacen escondidas tras el denso líquido. Los ojos se abren, la boca se abre. Sonríe. Con la mirada perdida, parece satisfecha ante la sangre que la mantiene joven, inmortal. Luego, sombras.
_____Minutos antes, gritos de terror inundaban el ambiente. Trece vírgenes eran desangradas en presencia de la condesa. Ante tal visión, sus ojos se iluminaron. Extasiada, se recostó en su lecho. La sangre, previamente recolectada en vasijas, fue vertida sobre su cuerpo. Sintió el cálido abrazo de la juventud (de la vida eterna) y, cerrando los ojos, se entregó a éste. Sombras.
_____La condesa, aún desnuda, no encuentra una sola gota de sangre. Por primera vez en años se mira en el espejo, grita. Cincuenta y cuatro años, la vejez la alcanzó. Extinto el grandioso y rojo pasado, sola, enloquecida, y privada de todo placer, la condesa no es más.
_____Minutos antes, gritos de terror inundaban el ambiente. Trece vírgenes eran desangradas en presencia de la condesa. Ante tal visión, sus ojos se iluminaron. Extasiada, se recostó en su lecho. La sangre, previamente recolectada en vasijas, fue vertida sobre su cuerpo. Sintió el cálido abrazo de la juventud (de la vida eterna) y, cerrando los ojos, se entregó a éste. Sombras.
_____La condesa, aún desnuda, no encuentra una sola gota de sangre. Por primera vez en años se mira en el espejo, grita. Cincuenta y cuatro años, la vejez la alcanzó. Extinto el grandioso y rojo pasado, sola, enloquecida, y privada de todo placer, la condesa no es más.


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