30 mar 2009

¡Lo matan a rocazos!

¡Lo matan a rocazos!
El Nuevo Alarma

Salió temprano de su casa, como todos los días. Al cruzar la esquina recibió el primer impacto, directo en el rostro. La roca con que lo golpearon cayó a su lado, salpicada con sangre. Sin detenerse a pensar, Julio corrió a toda velocidad calle abajo. “Me quieren matar” gritaba con todas sus fuerzas, pero ningún vecino hizo caso a la súplica.
_____Los “Pepitos”, que era como se hacían llamar el grupo de chavos banda de la colonia, alcanzaron a Julio en la esquina. Éste vio como, a su paso, las puertas y ventanas de sus vecinos se habían ido cerrando. Se sintió solo, abandonado. Un hilito de sangre le recorría el rostro. Temblaba. Acorralado, comenzó a suplicar: “Po-po-por favor, yono-yono-yo no fui. Po-por piedad, fu-fu-fue sin querer. Po-po-por el amor de Dios, yon-yon yo no sabía queeratuherma-queeratuherma que era tu hermana”.
_____Recuerdos de la noche anterior le venían a la mente: el agradable olor de Marcela, sus hermosas curvas, su belleza; el camino que recorrieron tomados del brazo; las cervezas que tomaron con sus amigos; la risas; el tequila. Después, imágenes rápidas, menos claras: el tambaleo de regreso a su casa; el terreno baldío; las piernas de Marcela, sus quejas, negativas y empujones. Se vio arrancándole el vestido, empujándola contra el suelo. La tomó con ambas manos, la estranguló. Marcela perdió el sentido, la vida. Muerta ya, la tuvo al fin.

Los chavos ya no están, la calle ya no está. Julio yace solo, acostado. La cama es fría, huele a medicina. Intenta levantarse. Una mano lo detiene, le quema al contacto. Sin voltear:
_____–Dicen que antes de morir ves tu vida pasar ante tus ojos, yo la vi, pero sobreviví –le dice Julio a su acompañante –. Pensé que me mataban, las rocas eran del tamaño de un perro.
_____–No viste tu vida, sólo tus últimos recuerdos. Aunque ya estabas muerto –le contestan.

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