12 oct 2009

Crítico

–¡Lo tengo! –Gritó emocionado Bernhard y, al levantarse de su silla, dejó caer una serie de papeles que estaban sobre su escritorio. Terminaba de leer el ensayo de Edgar Allan Poe titulado “The Philosohpy of Composition”, cuando un rayo de luz iluminó su destino. Miró a su alrededor, contempló orgulloso su vasta biblioteca, la cual había conjuntado a lo largo de 67 años, y recordó su primer libro, regalo de su padre al cumplir los ocho años: una primera edición de Voyage au centre de la Terre. El doctor en letras Bernhard von Starnberger pensó que, ahora, era él quien había vuelto del viaje. La razón de su existencia finalmente revelada.
_____–¡Lo tengo, lo tengo, lo tengo! –Volvió a gritar y, casi a punto de llorar, besó el pequeño libro de teoría literaria. Una vez contenida su euforia acomodó la silla frente a su escritorio y se aseguró de contar con suficientes hojas. “Unas mil, por lo menos” pensó. Observó detenidamente la hoja en blanco, sonrió y comenzó a escribir: Es war ein schöner Tag
_____Bernie, como le llamaban sus amigos en la Universität Bern, escribió toda la noche sin parar. Continuó al día siguiente, y así durante tres noches con sus respectivos días, sin descanso alguno.
_____La mañana del tercer día, Alexandra comenzó a preocuparse. Su padre no se había presentado al desayuno familiar (celebrado cada domingo), por lo que decidió hacerle una visita. Apenas arribó a la casa se percató de un pesado silencio, y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Como si de pronto estuviera consciente de que algo no estaba bien (situación que no había previsto cuando decidió buscar a su padre). La puerta del frente estaba abierta, como siempre, así que Alexandra entró en la casa. Sentía un extraño nerviosismo. Era la casa de su padre, la casa donde ella misma había crecido y, sin embargo, le parecía completamente ajena, extraña. Intentó, sin éxito, de desprenderse de tan extraños sentimientos. La puerta de la biblioteca estaba cerrada, la abrió cautelosamente y asomó la cabeza: la grotesca imagen de su padre le nubló el snetido. Un frío horror se apoderó de ella. Gritó como nunca a alguien se había escuchado gritar.
_____Tras el terrible grito, los vecinos, temerosos, llamaron a la policía. Cuando el primer policía entró en la biblioteca encontró a Alexandra fuera de sí: caminaba alrededor del escritorio de su padre, leía una hoja de papel y balbucía palabras ininteligibles. El doctor Bernhard yacía muerto, sentado y con la cabeza recostada sobre el escritorio, sangre manaba de ésta. Los papeles que se encontraban sobre el escritorio estaba cubiertos de sangre. Lo escrito en los últimos días estaba dañado.
_____El lunes, durante ell velorio, Alexandra se dirigió a los presentes :
_____–Mi padre escribió sin parar desde la noche del jueves hasta la madrugada del domingo. Más de mil páginas en total. Sólo una permaneció legible, las demás se han perdido. Parece ser la última página que escribió. Espero que sirva para recodarlo. La leeré a continuación:
_____“Finalmente me ha llegado. Lo he logrado. Hace tres noches, ¿o cuatro? El tiempo parece haberse detenido, o avanzado rápidamente, no estoy seguro. Aquella noche, pues, descubrí la historia perfecta para la novela perfecta. Y, además, gracias a Poe, encontré la forma perfecta para narrarla. Comencé a escribir sin parar, no podía detenerme. Estaba poseído, era un ansia como nunca antes viví: una iluminación. Si no lo lograba ahora, jamás. Y lo he logrado, la novela es perfecta. Dediqué mi vida a la crítica, a encontrar la perfección en otros, y en el transcurso desestimé mis propias cualidades creativas. Yo tenía las armas. Hoy por fin las he utilizado. Espero que el mundo reconozca en esta pieza lo que yo le he dado: perfección. Será la novela más grande de la historia, no me quedan dudas.
_____Pero ahora estoy cansado, me retiraré y dormiré un poco. La novela está terminada y lo merezco. El frenético ritmo de trabajo, sin descanso, en que me embarqué estos últimos días, me ha pasado factura. El dolor de cabeza me agobia hace horas, parece consecuencia del exceso de trabajo al que he sometido mi mente. Es como si la cabeza me quisiera explotar…”
Bernhard von Starnberger

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