8 jun 2009

Pegado al vidrio

Otra vez despertaste con el hocico pegado al vidrio. ¿Qué pasa? ¿Por qué te sientes así, todo mojado? Miras a tu alrededor y ¿qué ves? Sillones, cuadros, lámparas, un tapete. Una sala, y tú sigues con el hocico pegado al vidrio. Y más allá, ¿qué hay? Te deslizas para ver. Con el hocico siempre pegado al vidrio, ves una puerta. A través de ella distingues una estufa, un tostador, una mesa. Es una cocina. Ahí está la comida, pan. Y eso que sientes en el estómago ¿es hambre? Sí que lo es. Pero, ¿cómo irás hasta allá? Y aún más importante ¿cómo comerás si sigues con el hocico pegado al vidrio? El hambre acrecienta. Estás desesperado, tiemblas y pareces sudar, ¿sudas? ¿Es por eso que te sientes todo mojado? No, no sudas. Sigues temblando, es pura ansiedad. Ansías comida, la falta de comida te produce ansias, el ansia te hace temblar, el temblar te hace sentirte mojado. Te mueves hacia otro lado. Ahora, ¿qué ves? Escaleras. ¿Podrás subir por ellas? No, no puedes, porque sigues con el hocico pegado al vidrio. Intentas pero no, no puedes despegar el hocico. El hambre se ha vuelto insoportable. Queda ese otro lado. Vas hacia allá y ves plantas, macetas, pasto. Un jardín. ¿Qué viene ahí? Un perro, que te observa con curiosidad. Su mirada te produce miedo, olvidas el hambre por un segundo. Ladra y el miedo a la muerte te invade por completo. ¿Y el vidrio? Sigues con el hocico pegado a éste, y el perro parece no desistir de ti. Te deslizas sobre el vidrio, vuelves al primer lado. Donde antes observaste la sala. El perro ya no está. Sin embargo algo verde obstruye tu visibilidad. ¿Dónde quedó la sala? Esa cosa verde te pone en alerta, ¿qué es? Te acercas, pasas sobre ello, se borra. Con el hocico aún pegado al vidrio se te esfuma el hambre. Te sientes mejor. Todo se ha ido. Cierras los ojos. Duermes.

Otra vez despertaste con el hocico pegado al vidrio...

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