11 jun 2009

Ah, eso

(En su departamento, OMMAR camina de un lado a otro, carga una caja donde va metiendo adornos que recoge por todo el lugar. De pronto mira con terror una espada que yace en el bote de los paraguas, deja la caja y toma la espada, mira también los paraguas, los toma todos y los lleva hacia la cocina, no llega a ella porque en ese momento entra DANIEL por la puerta, se le ve agitado, está mojado y trae consigo un paraguas.)


OMMAR: Hola tú. (Con torpeza tira los paraguas y la espada por la ventana.)

DANIEL: Qué onda güey, ¿qué pasó?

OMMAR: ¿Qué pasó de qué o qué por qué?

DANIEL: Pues no me acabas de hablar, que viniera y que una emergencia y que no sé qué tanto.

OMMAR: Ah, eso.

DANIEL: ¿Cómo que “ah, eso”? Ahí vengo corriendo, me mojé todo ¿y me recibes con un “ah, eso”? ¿No que era cuestión de vida o muerte, pendejo?

OMMAR: Y vaya que lo es. ¿Me permites tu paraguas?

DANIEL: Deja lo pongo aquí, ¿dónde están los demás paraguas?

OMMAR: Ah, no sé. (Toma el paraguas y lo lleva hacia la cocina.)

DANIEL: ¿A dónde lo llevas?

OMMAR: Tú para que lo quieres, aquí adentro no está lloviendo.

DANIEL: ¿Y en la cocina sí, no?

OMMAR: Buen punto. (Avienta el paraguas por la ventana.)

DANIEL: ¿Qué haces?

OMMAR: Allá afuera sí está lloviendo. Igual y a alguien le sirve.

DANIEL: ¿Qué te pasa güey? Me estás poniendo nervioso.

OMMAR: Y tú a mí.

DANIEL: ¿Qué?

OMMAR: ¿Qué?

DANIEL: No sé.

OMMAR: Pues yo menos.

DANIEL: ¿Dónde están todas tus cosas? (Se da cuenta que sólo quedan unos cuantos libros y los sillones en todo el departamento.) ¿Te vas a cambiar de depa o qué?

OMMAR: No para nada, llevé todo a la lavandería.

DANIEL: ¿A la lavandería?

OMMAR: Sí, ya sabes, esos pinches chinos lo inventan todo, ahora lavan las casas completas. Aunque esta vez ya cómo que se tardaron, ¿no? ¿Crees que debería llamarles?

DANIEL: ¿De qué hablas güey?

OMMAR: De los pinches chinos cabrón, que cómo se tardan.

DANIEL: ¿Chinos?

OMMAR: Los de la lavandería. Pero mejor, ¿me permites tu gabardina?

DANIEL: No. Y ya no te hagas güey y dime para qué me hablaste con tanta “urgencia”. (Se sienta.)

OMMAR: Ah, eso.

DANIEL: Y dale güey…

OMMAR: Bueno Dani, la verdad es que tengo algo que confesarte.

DANIEL: ¿Dani? Puta madre, ¿qué me tienes que confesar?

OMMAR: Pues una confesión. (Se sienta.)

DANIEL: Ya deja de decir pendejadas cabrón.

OMMAR: Pues… lo que pasa es que tiene que ver con tu mamá y con Mariana.

DANIEL: A Mariana ni me la menciones. (Se levanta.)

OMMAR: ¿Por qué?

DANIEL: Me acabo de pelear con ella.

OMMAR: Bueno… ¿y están bien las cosas? (Se levanta y lo sigue.) ¿Se van a separar?

DANIEL: ¿A separar? No, no mames, ya se le pasará. Ahora dime, ¿qué tiene mi mamá? ¿Está todo bien?

OMMAR: Daniel, toma asiento por favor. (Se sienta.)

DANIEL: Ok. (Se sienta.)

OMMAR: Lo que pasa es que anoche me acosté con tu mamá… y luego la maté…

DANIEL: ¿Qué dijiste? (Se levanta.)

OMMAR: Que anoche me acosté con tu mamá y luego la maté. Y también me acosté con Mariana, aunque a ella no la maté, pero nos vamos a vivir juntos. (Se levanta.)

DANIEL: ¿Mataste a mi mamá? (Se sienta.)

OMMAR: No, no es cierto. ¿Cómo crees? Ni siquiera me acosté con ella. Es más, si quieres háblale. (Le ofrece su celular.) Ella está bien.

DANIEL: Qué clase de broma pendeja güey… ¿y Mariana?

OMMAR: Lo que pasa es que Mariana y yo… Mariana y yo…

DANIEL: ¿Te acostaste con Mariana?

OMMAR: Bueno, sí.

DANIEL: Pero qué te pasa cabrón. (Se levanta.)

OMMAR: Velo por el lado positivo.

DANIEL: ¿Qué lado positivo rata embustera?

OMMAR: Que tu mamá está viva.

DANIEL: ¿Que mi mamá está viva? Hijo de la chingada. ¿Y cuándo… y cómo?

OMMAR: Mariana y yo nos vamos a ir a vivir juntos.

DANIEL: ¿Cómo dices? ¿Cómo que a vivir juntos?

OMMAR: Sí, juntos. Los dos. En la misma casa.

DANIEL: Dirás en la misma cama.

OMMAR: No, en la misma casa.

DANIEL: ¿Y tú vas a dormir en la sala o qué pendejo?

OMMAR: No bueno… Dani, esto ya tiene tiempo sucediendo.

DANIEL: ¿Ah, sí? ¿Y cómo es qué…? Pero tú… yo… somos amigos… bueno éramos amigos.

OMMAR: Somos, esto no tiene nada que ver con la amistad.

DANIEL: No claro que no, es parte de ella, ¿no? Los amigos lo comparten todo, alegrías, tristezas… ¡y a la esposa! Una amistad como cualquier otra, ¿no, hijo de la chingada?

OMMAR: No me refiero a eso. Ella y yo, nos enamoramos. No tiene nada que ver contigo.

DANIEL: No pues claro, ¿cómo se me pudo ocurrir que tenía que ver conmigo? (Se sienta.) Si nada más estamos hablando de mi esposa. Diez años de matrimonio. No mames y luego mi mejor amigo cabrón, ¿desde cuándo te conozco güey?.

OMMAR: Pues desde la prepa, ¿no?

DANIEL: Vale madres, pinches cabrones.

OMMAR: Güey tranquilo, no es nuestra culpa. No lo planeamos.

DANIEL: Ah que bueno, me consuelas.

OMMAR: Daniel… ¿quieres una copa? ¿Martini verdad? ¿Doble? (Va hacia la barra, no hay ni botellas ni vasos.)

DANIEL: Mejor cianuro. Hijos de la chingada. (Llora.)

OMMAR: Dani, no te pongas así. Cálmate o te va a dar otro ataque. (Saca una botella de debajo de la barra, la mira y la tira por la ventana, regresa al sillón y se sienta junto a DANIEL.)

DANIEL: No, ya me dio. (Se levanta.)

OMMAR: Dani… no, relájate.

DANIEL: ¿Y desde cuándo te andas tirando a la puta de mi esposa?

OMMAR: (Se levanta.) No le digas así, respétala, es tu esposa.

DANIEL: Eso debiste de pensar tú antes de cogértela cabrón.

OMMAR: Estamos enamorados, ¿no entiendes? Así de simple es. Nos vamos a vivir juntos. Ya no podemos con este engaño. Ha sido un infierno, Dani. No sabes como hemos sufrido.

DANIEL: Me imagino que mucho, ¿verdad?, tenerse que andar escondiendo de mí, de nuestros amigos, de todos. Andar de hotel en hotel, de cama en cama. Cogiendo como pinches animalitos. Ay, pobrecitos. (Busca algo por el departamento, va a la barra.) ¿Por qué no hay nada?

OMMAR: No tienes idea qué difícil es eso, entonces nos entiendes, ¿verdad? ¿Tenemos tu bendición?

DANIEL: (Enojado.) Sí, tienen mi bendición para irse a la chingada. (Revisa su gabardina, saca un revólver, se apunta.)

OMMAR: Espérate, espérate Dani, no es para tanto. Tranquilo cabrón. ¿Y de dónde sacaste esa pistola?

DANIEL: Mira, qué curioso que preguntas. (Ríe.) Te voy a contar, es una ironía. (Se deja de apuntar.)

OMMAR: ¿Sí?

DANIEL: Sí. Resulta que estaba en la casa, viendo el partido. Y llegó Mariana y me dijo “tengo algo que decirte”, y yo le dije que me trajera una cerveza que estaba viendo el partido, y me dijo “tengo algo que decirte”, y le dije que los Knicks iban ganando, y me dijo “tengo algo que decirte”, y le dije que el juego estaba buenísimo, y me dijo “tengo algo que decirte”, y le dije que tenía hambre, y me dijo “tengo algo que decirte” , y le pregunté que si después quería salir a comer algo. Se fue al cuarto, regresó con esta pistola y le dio un balazo a la tele…

OMMAR: ¿Y luego?

DANIE: Y luego pues pensé que tal vez tenía algo que decirme.

OMMAR: No mames.

DANIEL: Y bueno se puso a llorar y dijo que nunca la escucho, y no sé qué más mamadas que no escuché porque aproveché para quitarle la pistola. Me fui al bar a comer algo y a terminar de ver el partido. Y fue cuando me hablaste.

OMMAR: ¿Y de quién es esa pinche pistola?

DANIEL: Creo que de mi suegro. Ya ves que le cago, seguro se la regaló a Mariana para que me despachara. ¿Qué irónico no?

OMMAR: Ah, la humanidad.

DANIEL: Sí. Y ahora la voy a usar para suicidarme. (Se apunta a la cabeza.)

OMMAR: ¿Qué te pasa? No, esa no es la solución.

DANIEL: Sí que lo es.

OMMAR: Ah, no quiero ver. (Se tapa los ojos.)

DANIEL: No te preocupes güey, no vas a ver, primero te voy a matar a ti. (Le apunta.)

OMMAR: Espérate, espérate, espérate. Piensa... piensa… piensa en el futuro. (Se mueve por el departamento.)

DANIEL: ¿Cuál futuro si te voy volar los sesos? (Lo sigue.)

OMMAR: Piensa en... piensa en… en Mariana. ¡Piensa en Mariana!

DANIEL: ¡Ah, Mariana! (Se sienta, llora.)

OMMAR: ¡Ahí la vemos! (Sale corriendo del departamento.)

DANIEL: ¡Espérate Ommar! Bueno, si te quedas con mi esposa entonces yo me quedo con tu departamento. (Se acomoda en el sillón y mira a su alrededor.) Pero si ya no tiene ni madres. (Se levanta, tira el revólver en el bote y se asoma por la ventana.) ¡Ommar, espérate! ¡Si me das el teléfono de tu hermana te dejo quedarte con Mariana! (Sale corriendo del departamento.)


(Cae el telón.)

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